Bipartidismo

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A los líderes de los partidos que componen el bipartidismo, les molesta el término. Se llama bipartidismo a la alternancia en el gobierno de los partidos PNP y PPD. Sus prácticas gubernamentales son tan parecidas y su irresponsabilidad administrativa tan consistente que si el color del momento es rojo o azul, no hace casi diferencia. A veces el ala roja del bipartidismo se irrita con que los igualen al ala azul del fenómeno. Otras veces son los azules quienes pretenden negar la similitud con sus siameses rojos. A pesar de que quieren diferenciarse, los dos miembros del bipartidismo son sustancialmente iguales.

Juntos han sido los causantes de millones de dólares en deuda pública a través de la misma práctica gubernamental: financiar obra y gastos con deuda exorbitante, excederse del máximo de préstamos que permite la Constitución, utilizando ambos la deuda ilegal, llamada ingeniosamente deuda extraconstitucional.

Juntos han producido tarea para los agentes del FBI y juntos han sumado decenas de presos por corrupción. Juntos son responsables de tener el País sumido en la quiebra y de haber atornillado en agencias y corporaciones gubernamentales a los famosos servidores públicos rojos y servidores públicos azules, según sea el caso. Las torcidas estructuras rojas y azules han corrompido el servicio público cuando eliminaron en la práctica las fronteras entre gobierno y partido, al extremo de que verdaderos servidores comprometidos tienen que convivir a diario en las dependencias de gobierno con asalariados sin mérito cuya función primordial, disfrazada del honorable servicio al pueblo, no es otra que la de vender taquillas para actividades del partido que lo sembró allí y asegurarse de que al cambiar la administración el otro color tenga tropiezos que la hagan lucir mal.

En las contrataciones tampoco existe diferencia entre las dos caras del bipartidismo. El pueblo sabe que los millones en contratos serán para el amigo azul si gana esa facción o viceversa. Todo ese esquema, rojo en una época y azul en la otra, ha promovido el saqueo de las arcas del gobierno y mina la posibilidad de que el pueblo crezca, tenga oportunidades o reciba servicios de calidad. Para mitigar esa tragedia, las dos células del bipartidismo han fomentado una tragedia mayor. Rojos y azules han sumido al pueblo puertorriqueño en la peor de las dependencias, en donde la tasa de participación laboral no alcanza ni 40%, una de las más bajas del mundo. No hago juicio de quienes reciben ayudas porque su situación lo amerite. Solo denuncio que el bipartidismo ha fomentado y promovido la dependencia como medio de vida, destruyendo así la posibilidad de progreso. Ningún país, no importa como se llame, en donde 6 de cada 10 ciudadanos hábiles para trabajar no lo hacen, tiene oportunidad alguna de tener progreso y bienestar social.

La triste experiencia con las dos facciones del bipartidismo no es nueva. La hemos sufrido por más de 50 años. Lejos de haber curado sus males, el bipartidismo ha persistido en sus prácticas y hasta ha perfeccionado los tecnicismos que las permiten. Por fortuna, el pueblo ha ido despertando y hoy un número mayor de puertorriqueños es capaz de identificar el mal y llamarlo por su nombre. Lejos están los días de los copos electorales de antaño o de mayorías de cualquiera de las caras del bipartidismo. En 2016 el gobernador obtuvo apenas un 41% y se prevé que este año quien gane obtenga todavía menos.

Pedro Pierluisi y Carlos Delgado representan, con el perdón de Lola Rodríguez de Tió, “de un pájaro las dos alas”. No puede el pueblo defenderse de las prácticas del PNP y PPD escogiendo a uno de sus representantes. Si vemos de dónde vienen ambos candidatos, es evidente que no pueden representar cambio de ninguna clase.

Los candidatos del PIP vienen de una tradición diferente. Representan un proyecto político consecuente de décadas. En los espacios públicos que han ocupado, no solo han hecho efectiva fiscalización sino que han presentado propuestas de excelencia. Además, el liderato del partido goza de confianza y respeto.

Estas elecciones presentan un momento importante para cambiar el rumbo del País. A la hora de escoger, el voto debe consignar la indignación de la gente, hacer un acto político decisivo contra las dos alas del bipartidismo y escoger las mejores propuestas que se le presenten. El ejercicio de emitir el voto solo está completo si el análisis para elegir incluye la ponderación calmada del historial, la trayectoria y el carácter de los candidatos. Eso precisamente es lo que el PIP pone a consideración del País con el programa Patria Nueva y con sus candidaturas, encabezadas por Juan Dalmau.