PPD

Parte de los legisladores populares que resultaron electos el pasado 3 de noviembre. >Brandon Cruz González/EL VOCERO

El PPD se funda el 22 de julio de 1938. Comienza como un partido de tendencias independentistas. Sin embargo, durante la segunda guerra mundial cambia y la potencial autonomía sustituye la independencia. Fue paulatino en el pensamiento de Luis Muñoz Marín, que abraza una más estrecha relación con los Estados Unidos y defiende, como nadie en la historia, la ciudadanía americana. Los “errores de la juventud” por su credo independentista quedaban en el pasado.

En las elecciones de 1940 el PPD sorprende llegando segundo con un 37.8% de los votos, pero gana el Senado y empata en la Cámara. La coalición del Partido Unión Republicana y el Partido Socialista obtiene el 39.1 y ganan el cargo de comisionado residente. Fueron unos resultados sorpresivos, pues nadie imaginaba que el partido de Luis Muñoz Marín recibiera un respaldo de esa naturaleza. Se le llamó correctamente como “la entrada del pueblo en escena”.

Es a mediados de la década del cincuenta, con la venia de Muñoz, que Puerto Rico comienza a acercarse más a los Estados Unidos. Con la creación de la Administración de Fomento Económico y de Teodoro Moscoso como su administrador, inicia lo que históricamente se conoce como la Operación Manos a la Obra; que es la industrialización por invitación. Moscoso, que venía de una familia estadista, tuvo enorme influencia sobre el líder de los populares. Tal vez haya sido la persona más influyente en asuntos de desarrollo económico.

Durante esos años el Partido Popular comienza a cambiar dramáticamente en asuntos de estatus y desarrollo económico, pues el cuatrienio de 1940 a 1944 se distinguió por crear la legislación obrera más grande de nuestra historia. De un partido proletario se convierte en uno industrial. Cero uniones obreras, renta nominal por un dólar, subsidios de agua y luz, bajos salarios e incentivos contributivos fueron el fundamento para atraer las industrias.

Mientras eso sucedía el pensar ideológico iba cambiando. Ya Puerto Rico estaba insertado completamente en el sistema económico de los Estados Unidos, y se afianza con la adopción de la Constitución del ELA, cuyo preámbulo es de alto valor para el puertorriqueño y que entre otras cosas dice: “Que consideramos factores determinantes en nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América …” Esto aparte de la extensión de la ley de Seguro Social durante esos años.

El 25 de julio de 1956 Luis Muñoz Marín pronuncia un discurso con motivo del cuarto aniversario del ELA. Es un homenaje a la ciudadanía americana como valor del puertorriqueño. Su título es sugestivo: “Del hondo significado de la ciudadanía de los Estados Unidos”. Seis años después, en vistas congresionales para enmendar la Constitución y que los ciudadanos de Washington D.C. pudieran votar por el presidente de la nación, afirma que ese derecho lo deberían tener todos los ciudadanos sin distinción de su localidad.

Fue en diálogos con Antonio Fernós Isern —luego de ambos retirarse de toda refriega política— que llegaron a la conclusión de que por ser ciudadanos americanos, los Estados Unidos también son nuestro país; e igualmente así es dictado por el 8 U.S. C. § 1101, (A) (38) del Immigration and Nationality Act: “The term ‘United States’, except as otherwise specifically herein provided, when used in a geographical sense, means the continental United States, Alaska, Hawaii, Puerto Rico, Guam, the Virgin Islands of the United States, and the Commonwealth of the Northern Mariana Islands”.

Su sucesor político lo emuló. Su defensa de la ciudadanía americana no tuvo límites. Planteó que la misma —y coincido— es uno de los múltiples elementos de la puertorriqueñidad, pues la expresión “ciudadano americano” no se dice en ningún otro lugar del mundo. En la defensa de esta figura jurídica debemos destacar que dos grandes puertorriqueños como Luis Muñoz Marín y Rafael Hernández Colón han sido sus mayores defensores en la historia.

Sin embargo, a partir de los noventa en el PPD comienza una metamorfosis. El discurso separatista con pinceladas de izquierdismo cultural y conservador aparece y se apodera. Esconden a Muñoz, que durante la campaña de 1944 ordenó a todos los comités municipales poner la bandera de los Estados Unidos junto a la bandera de la Pava. Hablan de conceptos, pero no del individuo.

Por ende, aquellas enormes mayorías de las décadas del cuarenta y cincuenta hoy son un espejo lejano. De un 60% antaño han bajado al 32%. Perdieron su esencia y su alma, y por querer parecerse a unas culturas políticas de dudosa reputación democrática, ajenas a los valores del puertorriqueño, han llegado a lo que es hoy: un partido desfigurado, corroído y —tal vez— en proceso de extinción.

Tags

Mario Ramos, Historiador