Plebiscito

La Ley 51-2020 dispone para celebrar un plebiscito conjuntamente con las elecciones. Ello significa que los electores, además de las tradicionales papeletas de gobernador y comisionado residente, alcalde y legisladores, tendrán en sus manos una cuarta papeleta donde podrán votar Estadidad: Sí o No.

Dice la ley que la papeleta incluirá la pregunta, “¿Debe Puerto Rico ser admitido inmediatamente dentro de la Unión como un Estado?” Los electores solo podrán votar por una de las dos alternativas impresas en la papeleta de votación. En caso del Sí resultar la alternativa mayoritaria, deberá comenzar de inmediato un proceso de transición para la admisión de Puerto Rico como estado de la Unión que deberá implementarse en el menor tiempo posible y no más tarde de un año a partir del 3 de noviembre de 2020.

El propuesto plebiscito es uno prácticamente clandestino que parece carecer de importancia y credibilidad para los partidos y para el electorado. Nadie puede creer en la inmediatez de la propuesta transición y mucho menos que se dé en el término de un año. Sobre ello se expresó la administración Trump a través del subsecretario de Justicia federal Jeffrey Rosen cuando sostuvo que “un voto mayoritario por el Sí en este plebiscito no llevaría automática o inmediatamente a la admisión”.

A veintitantos días de las elecciones y luego de una decisión del Tribunal de Distrito Federal para Puerto Rico que eliminó la representación exclusiva del PNP a favor del Sí y del PIP a favor del NO, no sabemos quiénes asumirán la representación de cada alternativa ni hemos visto una campaña de orientación efectiva por parte de la CEE, los partidos políticos o agrupaciones de ciudadanos, comités de acción política o personas naturales o jurídicas para atraer electores a esa papeleta o abogar por la abstención.

Ante el descalabro administrativo, económico y social que vivimos y los temas trascendentales que nos ocupan de día, se nota una ausencia de pasión por el tema del estatus.

En momentos en que los partidos principales —por la dificultad económica que produce la pandemia—  se acogieron al financiamiento de campaña que les permite recoger lo mínimo para que el Estado le aporte tres veces lo que recauden hasta el tope de un millón para gastos de publicidad, no es su prioridad recaudar dinero que se le reste a las campañas con el propósito de utilizarlo en el plebiscito.

No obstante, el tema del estatus a través de la propuesta plebiscitaria ha capturado la atención de los partidos principales de Estados Unidos al más alto nivel. En los pasados días ambos candidatos presidenciales han expresado su preferencia sobre el tema. El primero en expresarse de manera inteligente y respetuosa fue el candidato demócrata Joe Biden quien dijo: “Trabajaré con representantes que apoyen cada una de las opciones de estatus en Puerto Rico en un proceso justo y vinculante para que ellos puedan determinar su propio estatus. Creo que la estadidad sería el medio más eficaz de asegurar que los residentes de Puerto Rico sean tratados por igual, con la misma representación a nivel federal. Pero el pueblo de Puerto Rico debe decidir, y el gobierno federal debe respetar su decisión y actuar en función de esta”.

De las declaraciones de Biden se desprenden varias cosas importantes: 1) que no elimina opciones; 2) que se compromete a que el proceso de consulta sea justo y vinculante; 3) que personalmente cree en la estadidad para Puerto Rico; 4) que es el pueblo de Puerto Rico quien debe decidir sobre su futuro; 5) que los Estados Unidos debe respetar la decisión. Una porción del PNP celebró sin mucha pasión la preferencia personal de Biden de respaldo a la estadidad y otra porción del PPD con bastante pasión celebró su posición oficial de no excluir opciones, trato justo, plebiscito vinculante, autodeterminación y respeto a la decisión.

Para sorpresa del liderato republicano local, días más tarde el presidente Trump se sumó a la posición del Departamento de Justicia y al líder de la mayoría en el Senado federal, Mitch McConnell, y reiteró su rechazo a la estadidad sosteniendo categóricamente que no quiere un nuevo estado demócrata y que muchos puertorriqueños no quieren la estadidad. Ante la posición de ambos candidatos el resultado del plebiscito clandestino es realmente inconsecuente.