estados unidos

Terminó la pesadilla neofascista impulsada desde la presidencia saliente de Donald Trump que arropó “al vigía de la democracia” de EE.UU. En una votación cerrada de 74,566,731 (50.5%) a favor de Joseph Biden vs. 70,396,573 (47.7%) para Trump, se mantuvo a la nación en vilo, mientras se contaban los votos de la elección con mayor participación electoral en EE.UU. Se ha “salvado el alma” de una nación inclusiva de las garras de la exclusión divisoria de la presente administración del Partido Republicano. Independientemente de las críticas en contra de los EE.UU. por sus políticas imperialistas, y el discrimen que al día de hoy deben superar, bajo la presidencia “trumpiana” se hirió letalmente el trato igual bajo la ley, fomentándose la división, en lugar de la unión. El “trumpismo” odioso retrocedió los avances ganados, despertando al superlativo el racismo, clasismo, sexismo y discrimen en contra de la diversidad en la libertad de culto, entre otros. Trump habrá de aceptar que el chantaje en sus relaciones internacionales con Ucrania y Rusia para investigar al vicepresidente Joseph Biden no le produjo evidencia para sacarlo de carrera camino a la presidencia. Irónicamente para Trump, el vicepresidente Biden quedó al frente en la contienda presidencial. Además, está pendiente la posibilidad de que el Partido Demócrata logre el control del Senado. Para sanar heridas profundas atestadas contra el anhelado espíritu de la diversidad inclusiva, el proyectado presidente electo Biden tendrá que unificar una nación dividida que movió más de 70 millones de votos a favor de Trump.

Como vicepresidente del primer presidente afrodescendiente, Barack Obama, Biden ha entendido su papel histórico para tender puentes adelantando la igualdad de género y raza. En un acto histórico, la senadora Kamala Harris, de ascendencia jamaiquina e india, juramentará como la primera mujer vicepresidenta de EE.UU. de la mano del proyectado presidente electo Biden. En un acto de conciliación nacional, Biden resarce el daño ocasionado durante la controversia álgida —en el debate del Partido Demócrata de aspirantes a la presidencia— en la que la senadora Harris le reclamó que ella, de niña, se benefició del transporte escolar para la integración racial al que él se opuso a nivel nacional. De surgir una vacante en el Tribunal Supremo de EE.UU. (TSEU), Biden debiese hacer lo propio nombrando a la profesora Anita Hill, a quien no protegió como víctima de hostigamiento sexual laboral en las vistas de confirmación que presidió (1991) de Clarence Thomas, hoy juez asociado del TSEU.

Mientras en EE.UU. se celebra la mayor participación electoral, en Puerto Rico ocurrió lo inverso. La participación electoral aquí ha fluctuado entre 88.9% (1984), bajando paulatinamente cuatrienio tras cuatrienio a 77.58% (2012) y marcadamente a 55.09% (2016).

Estas elecciones marcaron la tasa más baja de participación, de 52.84% con escasamente 1,244,841 de un total de 2,355,894 electores(as) inscritos (as). Es decir, cerca de 1,111,053 electores(as) rechazaron participar de unas elecciones que no les interesó, ni la oferta de candidaturas, ni legitimar su resultado. Independientemente de las opciones preventivas provistas para evitar contagio del Covid-19, ninguna de las facciones les motivó a darle su voto para escoger verdugos que luego les darían las espaldas. Sin dedos amarrados con ningún partido —tradicional o emergente— la voz de la abstención como protesta será libre para fiscalizar a todos(as) por igual. Este sector rebelde consciente ejercerá su voz contundente, sin paños tibios, en contra de quienes ahora forman parte del Estado.

El gobernador electo Pedro Pierluisi (PNP), con 406,830 votos (32.93%) del total emitidos (2020), obtuvo menos de la mitad de 885,587 votos que cuando fue elegido comisionado residente (2012), 40% de los 1,025,965 votos de Luis Fortuño (2008) y 253,680 votos menos de los 660,510 de Ricardo Rosselló (2016) cuando ambos lograron la gobernación. La fuerza renovada del PIP logró que el partido quedara inscrito con 169,516 votos (13.72%), aumentando el poco respaldo alcanzado en 2016 de 33,729 votos (2.13%). A pesar de que Alexandra Lúgaro fue utilizada como gancho electoral para atraer mayormente el voto de la juventud, interesantemente esta obtuvo menos votos dentro de Victoria Ciudadana en 2020 (175,583 votos), representando el 14.21% del voto total. En contraste, cuando Lúgaro corrió como candidata independiente en 2016, aunque obtuvo 175,831 votos, es decir 248 votos adicionales; ello representó un porcentaje menor (11.13%) del voto total.

En fin, tanto al norte, como Puerto Rico, eligieron un arcoíris inclusivo. El pueblo mandata cambiar la tónica de la imposición divisoria; a explorar si es posible, la búsqueda de un consenso unificador. ¡Hay que sanar las heridas de la exclusión!