Jesús Manuel Ortiz

El representante popular Jesús Manuel Ortiz. >Brandon Cruz González/EL VOCERO

Comienzo a escribir esta columna, tarde en la noche, luego de que el periódico EL VOCERO en su página digital anuncia la selección del representante Rafael “Tatito” Hernández como nuevo presidente de la Cámara de Representantes y de José Luis Dalmau como líder del Senado.

Al leer la noticia, confieso, lo primero que me pasó por la mente —además de pensar en la enorme responsabilidad que ambos funcionarios acaban de aceptar— fue la familia de los futuros presidentes, quienes desde el anonimato habrán sentido un enorme orgullo por el logro obtenido; una sensación única que experimenté hace 38 años cuando mi padre, Severo Colberg Ramírez, asumió la presidencia de la Cámara de Representantes como resultado del Pacto Viera-Colberg.

Momentos inolvidables que nos ayudan a entender el presente. Comencemos por José Luis Dalmau.

Conozco a José Luis desde nuestros años universitarios. Entramos juntos a la política en la campaña del año 2000 y mientras ocupé cargos en la Cámara de Representantes, La Fortaleza y el Partido Popular, siempre vi en él su lealtad institucional de quien tiene compromiso y dedicación por las causas importantes del País.

A lo largo de su trayectoria, Dalmau se fue preparando para este momento. No solo tiene la experiencia, la vocación y el conocimiento del proceso parlamentario, sino que tiene —más importante aún— el temple, la diplomacia y el respeto de sus pares, elemento importante para poder dirigir los trabajos de un Senado que, bajo estas circunstancias particulares, deberá descargar sus responsabilidades con sentido común y espíritu de convergencia.

En la Cámara de Representantes, la historia es más complicada. De la misma forma que señalé que la precipitada votación del pasado viernes fue equivocada, por no tener los 26 votos certificados, al subsanarse ese requisito y celebrarse el caucus de conformidad al reglamento, los resultados obtenidos deben respetarse y acatarse. Tatito ganó y punto.

Ahora bien, si algo debe tener presente el nuevo presidente de la Cámara, es que su liderato estará a prueba constantemente; es más, casi diariamente, ante la realidad innegable de que su mandato estará cimentado en una frágil mayoría de un solo voto real dentro de su delegación y de un voto también en el pleno de la Cámara de Representantes.

Su éxito dependerá de una enorme dosis de prudencia y disciplina. Estemos claros, en una delegación de 26 votos dentro de un cuerpo de 51 miembros, cada legislador popular tiene la capacidad de paralizar la legislación, o peor aún, de plantear en cualquier momento asuntos de confianza sobre las posiciones de liderato en el PPD.

Es aquí donde Tatito tiene que ser muy cuidadoso. Su estilo habitual de ser impulsivo, agresivo en el verbo y en ocasiones obstinado, de repetirse, será la receta al fracaso. Es hora de aprender de los errores y rectificar.

Por otro lado, la historia de Jesús Manuel Ortiz es un reto. Contrario a lo que él pueda pensar en este momento —de que esta experiencia fue una derrota personal—, la realidad es que no lo es. Las circunstancias presentes le ofrecen una oportunidad única e irrepetible de poner la acción donde se ponen las palabras e iniciar cuanto antes los cambios importantes y trascendentales que el País necesita.

Este joven legislador, quien sin haber terminado su primer cuatrienio, acaba de perder la presidencia de la Cámara por un solo voto, tiene mucho futuro. La cicatriz que ganó antenoche hará de él un líder más fuerte y más maduro.

Tiene casi la mitad de su delegación y al cerrar filas y acatar la decisión de sus compañeros, demostró lealtad institucional, lo que ahora le dará autoridad moral.

Por eso, mi consejo a Jesús Manuel es sencillo: olvida el puesto y ve detrás de la agenda, que es lo verdaderamente importante; sal del mármol y pide la oficina más pequeña, la más humilde, la que nadie quiera, porque desde allí —en tu pequeño cubículo— construirás futuro y tendrás el oído en tierra; cede tus espacios y no pidas concesiones, eso te hará grande; tira puentes a todas las delegaciones y a tus compañeros de partido, porque el aprobar legislación que le responda al pueblo será tu mayor legado; sé paciente, espera tu turno y apoya las buenas ideas no importa de donde vengan, eso te hará trascender.

Finalmente, usa esta vivencia para forjar nuevas luchas, nuevas causas, justas y nobles. Si lo haces, te aseguro, que en cuatro años ciertamente tu nombre no estará en la galería de los expresidentes de la Cámara, pero sí estará en la mente de los puertorriqueños, y eso es un honor mayor.

Haz la diferencia Jesús Manuel, con la oportunidad que el destino te ofrece. Aprovéchala; porque después de todo, a veces se gana perdiendo.