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La última parte de la encuesta de Gaither que EL VOCERO pública hoy y que hemos estado analizando a lo largo de esta semana, finaliza con el resultado de la encuesta de Estadidad Sí o No.

Según los números, la opción del Sí está al frente con un 42%, seguido por un 27% que dice que votará que No; un 17% que dice estar indeciso y un 14% que dice que no participará de la votación, lo que supone que esos electores no tienen la intención de acudir a las urnas o en cambio, echar la papeleta en blanco.

Pero si tomamos los números como ciertos, lo que refleja esta encuesta es que si los promotores del No continúan actuando de forma desorganizada, sin un mensaje uniforme y si el PPD no le dice al electorado qué ocurrirá bajo un gobierno popular de ganar el No, las posibilidades de que gane el Sí, aumentan.

Ahora bien, al profundizar sobre las cifras, la realidad es que estos números deben preocupar también a los estadistas. Digo esto, porque si a esta altura del juego - donde el PNP ha gastado cientos de miles de dólares en una campaña pro estadidad - esa alternativa, a 18 días de la elección, solo cuenta con el 42% de los votos, quiere decir que no ha crecido mucho; porque esa cifra es la misma con que ganó Ricardo Rosselló en 2016 y casi el mismo número de respaldo que hoy tiene Pedro Pierluisi.

Por consiguiente, si la estadidad tiene más o menos la misma cantidad de votos que cuenta hoy el PNP (42%) siendo una consulta de solo dos opciones - Sí o No - entonces, en la calle, de forma silvestre y desorganizada, hay un 58% de los electores sin rumbo que evidentemente no quieren la estadidad o tienen serias reservas con esa alternativa de estatus.

Pero para entender qué está pasando y el porqué de este incomprensible y confuso fraccionamiento electoral, debemos repasar los antecedentes que nos han traído hasta este día.

Empecemos por las elecciones de 2012, cuando el PNP forzó e impuso una votación en donde ellos alegan que la estadidad ganó. Ese proceso fue un fiasco porque el PNP - solitos y sin encomendarse a nadie - diseñaron la votación, escogieron la fecha, escribieron cada fórmula de estatus y excluyeron al PPD de todo el proceso.

Eso provocó que los electores del Partido Popular se dividieran en dos grupos; los que favorecieron el llamado ELA Soberano y los que siguieron las directrices institucionales del PPD de echar la papeleta en blanco.

A pesar que el PNP nos hizo creer que la estadidad obtuvo el 61% de los votos en esa votación, cuando examinamos los números con detenimiento, nos damos cuenta que hubo un monumental engaño.

En esa consulta de 2012, la estadidad obtuvo 834,191 votos; pero el ELA Soberano y las papeletas en blanco - que fue la posición institucional del PPD - sacaron entre ambos 953,372 votos (454,768 ELA Soberano + 498,604 papeletas en blanco) una diferencia de 119,181 votos por encima de los estadistas. A eso súmele que la independencia sacó 74,895 votos.

Por consiguiente, esos resultados demuestran que la estadidad en realidad solo obtuvo el 45% de los votos, mientras que los populares, en sus dos papeletas, obtuvieron un 51% de los votos y la independencia un 4%.

Ese 45% en favor de la estadidad hace ocho años, es 3% más de los que hoy tiene la alternativa estadista que hoy nos ocupa.

Pero vayamos al verano de 2017 (antes del huracán María) cuando se efectuó el famoso plebiscito en donde solo participaron el 22% de los electores. En ese evento - que tanto pregona el PNP - la estadidad sacó 508,862 votos lo que representó una reducción neta de 325,329 votos comparados con sus propios números de 2012.

Entonces si la estadidad se ha mantenido entre un 42% y un 45%, la pregunta obligada es ¿dónde está el 58% o 55% restante, que se opone a la estadidad?

Aquí llegamos a la presente campaña.

Más allá del 27% que se expresa en contra de la estadidad en la encuesta de Gaither, ¿qué es lo que pasa con el restante 31% que se compone del 17% de indecisos y el 14% que no quiere votar, según la encuesta?

La respuesta es sencilla. La campaña del No es un desastre.

Empecemos por el PIP, los supuestos portavoces que corrieron para obtener la representación del No, ahora resultan que no han invertido un solo centavo, no existe un plan de comunicaciones efectivo y ya ni hablan de la independencia ni en contra de la estadidad, porque su campaña - con todo respeto - parece más un reality show de su candidato a la gobernación, que la de un partido político que se supone luche por la liberación nacional.

Con el Proyecto Dignidad tampoco se puede contar, porque no tiene una posición definida sobre el tema del estatus, aunque la mayoría de su liderato es estadista; y en el caso del Movimiento Victoria Ciudadana, su candidata a la gobernación aboga por la independencia, mientras su compañera de papeleta para Washington aboga por la estadidad; es decir, ellos, no están ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario.

Entonces llegamos al PPD, el único partido que tiene la fuerza electoral y la estructura para derrotar al PNP y la estadidad. Pues resulta que el PPD, a dos semanas de las elecciones, no ha empezado su campaña por el No.

Mientras impera el silencio, la campaña de miedo del PNP es constante y pagada. Todos los días nos inundan con el cacofónico discurso de que si el PPD es soberanista; de que su candidato a la gobernación es soberanista, igual atacan al candidato a comisionado residente, a su director de campaña que es soberanista igual que el secretario general, a la candidata a la alcaldía de San Juan y, ahora, al nuevo director de campaña del No, Tony Fas Alzamora. En fin, la soberana campaña de demagogia no cesa. 

Pero como el PPD no ha dicho cómo va a interpretar el voto por el No, en caso de ganar las elecciones, a nadie le debe sorprender entonces que el 31% del electorado no sepa cómo votar.

La razón es obvia: ese grupo de electores están esperando que alguien les hable, que alguien les oriente y les explique las serias consecuencias culturales, económicas, políticas y sociales de una decisión de esa envergadura.

Eso, me perdonan, no se logra con una maraca, un güiro y un cuatro. Se logra con una ofensiva mediática sólida, organizada, sistemática, con datos y gente que domine el tema.

¿Qué debe hacer entonces el PPD para tomar el timón de esto?

Sencillo, cinco pasos: 

(1) Aprobar en su programa de gobierno el próximo domingo, una hoja de ruta de cómo va a atender el tema del estatus e interpretar el voto por el No.

(2) Debe iniciar cuanto antes, una serie de conferencias de prensa diarias hasta el mismo día de las elecciones, sobre los costos e implicaciones de la estadidad sobre los individuos y empresas.

(3) Debe explicar el peligro que representa la estadidad para la estabilidad económica, el clima de inversión en medio de una reestructuración de la deuda, la perdida de miles de empleos y el efecto que conllevaría un nuevo descuadre fiscal.

(4) Explicar que un voto por el Sí, es traer el territorio incorporado, pagando taxes sin representación, lo que destruiría la iniciativa de traer de vuelta a la industria farmacéutica con sus empleos, porque solo regresarían bajo la autonomía fiscal del ELA.

(5) Y sacar cuanto antes figuras de peso dentro del PPD que balanceen la proyección institucional con personas respetadas dentro de la colectividad, tales como: Victoria Muñoz, Sila Calderón, Alejandro García Padilla, Héctor Luis Acevedo, Eduardo Bhatia, Roberto Prats y José Alfredo Hernández Mayoral, por mencionar algunos, para que le hablen a los populares de centro sobre la importancia de cerrar filas.

En fin, queda poco tiempo y mucho trabajo.