Estadidad

La estadidad obtuvo 216,223 votos más que el PNP en el referéndum del 3 de noviembre. >Archivo/EL VOCERO

Enfoquémonos en los resultados del referéndum. Son reveladores. La estadidad obtuvo el 52.34% en igualdad de condiciones con los demás. Los plebiscitos con resultados artificiales como los de 2012 y 2017 ya pueden ser descartados. Solo hay dos con igual efecto; los de 2012 referente a la condición política de Puerto Rico donde el 54% votó que no la favorecía y los de ahora. Con ambos se pueden trabajar y son un mensaje claro al Congreso de los Estados Unidos como a la comunidad internacional.

La estadidad obtuvo 216,223 votos más que el PNP. Cantidad mayor que la obtenida por cualquier partido de minoría, excepto el Partido Popular. Esto evidencia que hay un desprendimiento de estadistas y que el ideal de Barbosa adquiere vida propia. La estadidad ya no necesita de ningún partido político. Son los “estadistas, no penepés”, los que obtuvieron un triunfo dramático para el ideal en detrimento del sistema de partidos.

En el pasado, populares estadistas no votaban por ella porque sentían que era un voto por el PNP. La relación simbiótica partido-ideal hizo mucho daño. Los casos de corrupción y la arrogancia de sus líderes, mayormente de la legislatura, ofendieron a los miembros de la base que al pasar el tiempo optaron por desafiliarse de la colectividad, aunque en honda creencia y lucha por la igualdad política.

La única vez que la estadidad ha obtenido votos sin ser respaldada por partido político alguno fue en el plebiscito de 1967. La decisión de no participar, empujada por Miguel Ángel García Méndez en enero de ese año, creó una estampida de líderes y gente de la base que organizaron un movimiento llamado Asociación de Estadistas Unidos. Aunque no era un partido político tenía la estructura como si lo fuera, pues muchos líderes municipales y de barrio abandonaron el Partido Estadista Republicano y siguieron a don Luis Ferré y el grupo de líderes jóvenes que lo acompañaron, como Carlos Romero Barceló, y funcionó como si formara parte del sistema de partidos de Puerto Rico.

De ahí surge el PNP, y como partido de mayoría también se evidencia lo que siempre decía Joaquín Becerril, “en política todo es cuestión de 'comía'”. El poder —que siempre es atractivo y atrayente— lo transformó y de un partido ideológico poco a poco se fue transformando en un partido programático y de administración pública, donde luego de las elecciones se da una vorágine por la obtención de puestos de gobierno y de contratos, y el ideal guardado en un armario sufriendo el polvo del olvido. El disfrute del poder vuelve sedentario a todo partido que quiere proyectarse en términos ideológicos. 

Cuando creíamos que las elecciones de 2016 no volverían a repetirse los resultados electorales de 2020 nos dijeron que algo pasaba en el sustrato, que la desafiliación y el cruce de votos de diversas maneras, y por miles, se estaba desarrollando para salir a la superficie con carta de ciudadanía. Era otro mundo político y sociológico que no veíamos ni imaginábamos y que ahora es una realidad a la vista de todos.

Ya ha sucedido dos veces, sin descartar que de ahora en adelante pudiera ser la norma. Sin embargo, con solo una gobernación promedio Pedro Pierluisi podría ganar en el 2024, pues la comparable con el gobierno de Ricky Rosselló, carcomido por la corrupción y el despliegue de arrogancia que a diario veíamos, giraría a favor del nuevo gobernante. Además, Pierluisi es un líder maduro, honrado, con capacidad y experiencia, que se ha rodeado de personas profesionales y capacitadas, y que, distinto a la administración que termina, la suya no será un colegio de párvulos malcriados.

El PNP perdió la lealtad y confianza de los policías y del sector cristiano. Miles de estadistas nómadas aprendieron a votar mixto, pero mantuvieron su apego a la estadidad. Ese enorme rebaño se fue para siempre y su lealtad e identidad política desapareció. Un voto por el PNP sería un voto por el respaldo a una obra o a un programa de gobierno, no un voto leal por un partido al cual ya no pertenecen.

Una posibilidad no descartable es que esa masa de estadistas desafiliados encuentre un líder que los aglutine y les dé dirección. Sería una amenaza para el PNP, pero no para la estadidad. Son estadistas sin casa, independientes, que le han dado vida propia al ideal por el que tanto se ha luchado por más de un siglo. Demostrado queda que la estadidad es la fórmula mayoritaria del pueblo, dirigida a alcanzar la igualdad en derechos de todos los ciudadanos americanos que aquí vivimos.

Mario Ramos, Historiador