Manuel Natal

Manuel Natal Albelo se graduó en 2004 del Colegio Espíritu Santo, en Hato Rey. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

Manuel Natal Albelo volvió a sentarse en uno de los pupitres que había ocupado hace más de 16 años, pero esta vez lo hizo con un café en mano —quizás “la única comida del día”—, frente a una pizarra con un calendario de actividades escolares en pausa desde marzo.

Sus recuerdos de infancia están atados por una línea inalterable al Colegio Espíritu Santo, en Hato Rey, donde inició el “corre y corre” que no se ha detenido incluso ahora, a sus 34 años.

“Mis memorias son de días bien largos. De levantarme temprano, de ir los tres hermanos a la escuela, de salir para ir a la práctica de baloncesto, para el club de matemática o la reunión del consejo de estudiantes, ir al juego de baloncesto, para luego ir a otra cosa. Y llegar a la casa a las 9:00 de la noche, estudiar y hacer lo mismo el resto de la semana”, narró.

Manuel Natal

Esta foto de Natal junto al Padre Valeriano se encuentra en uno de los salones del Colegio Espíritu Santo. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

Ahora, en momentos en que se enfrenta al reto más importante de su carrera política, regresó a la institución de donde se graduó en 2004, para evocar su niñez en el municipio del que busca tomar las riendas por los próximos cuatro años.

Los pasillos de más de 75 años lucen diferente, pero los rostros que saludaron a Natal desde los salones no han cambiado mucho. La reacción en todos fue la misma: alegría por lo que ha logrado “Manolo”.

“Siempre fue buen estudiante, con sus metas claras. Muy centrado siempre en lo que quería hacer”, contó Helena Rivera, maestra de matemáticas en aquel entonces. “Estaba en todas las actividades, deportes, académico, jugando baloncesto”, agregó Debbie Garrison, su maestra de inglés en octavo grado.

Mucho antes de entrar en la política, el mayor de tres hermanos conectó con el baloncesto a sus nueve años, tras varios intentos fallidos en otros deportes. Fue en la cancha —primero como un ‘underdog’— en donde desarrolló la disciplina y competitividad que lo ha caracterizado en sus años en la política.

Manuel Natal

Natal saluda a dos de sus maestras, Helena Rivera y Debbie Garrison. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

“A mí me encanta que me digan que no voy a ganar, que tengo todas las de perder, que no tengo oportunidad. Para mí eso es más gasolina —bueno, vamos a usar energía renovable. Es el sol para mi placa solar. Voy a trabajar más fuerte, me voy a levantar más temprano, voy a caminar más que tú. Y tiene que ver con el tema de la cancha”, destacó.

De donde se dio la primera, segunda y tercera “rajá” de cabeza que le cosieron en el Hospital del Maestro —donde nació— pasó a Nueva York, donde se graduó de la Universidad de Cornell. De regreso en la Isla, completó un Juris Doctor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en 2011.

Arraigado a su familia

Desde la entrada del Colegio Espíritu Santo, donde el guardia de seguridad Luis Alberto Maldonado ha recibido a visitantes por 35 años, fue evidente el rol que jugó Lissette Albelo en la formación de su hijo mayor.

El lado emocional y pasional lo heredó de su madre, quien lo tuvo a los 19 años. Ella era quien esperaba fielmente a Natal y sus hermanos en el portón del Colegio, media hora antes de que tocara el timbre.

Manuel Natal

En la derecha Luis Alberto Maldonado Hernández, guardia de seguridad del Colegio. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

“Mi mamá es la protagonista de toda esta historia, es la que ha estado ahí en cada paso. Mi papá también, pero desde otro contexto”, relató. “Mi mamá en gran manera es la responsable de que esté aquí, porque fue la que me empujó a decidir aspirar a la vacante (en la Cámara de Representantes) en 2013”.

Los segundos entre las respuestas de Natal comenzaron a alagarse cuando habló de Valentina, su hija con Alexandra Lúgaro.

¿Qué cambió Valentina?, se le preguntó. Pausa. “Todo”.

“Cuando uno escucha que los padres dicen que hacen todo por sus hijos, uno no entiende la profundidad de esa expresión hasta que le toca. Cuando uno dice todo, es quitarse comida de la boca, como quizás hicieron mis padres en algún momento, es desvivirse por que sus hijos tengan un mejor porvenir que el que uno tuvo”, expresó.

Manuel Natal

En la foto, Natal posa ante la cámara junto a parte de los maestros que le enseñaron por 13 años. >Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

Aunque Valentina no era parte de su vida cuando se adentró en la política, Natal afirmó que “otras Valentinas” han sido el norte de sus esfuerzos desde el inicio. También lo han sido sus hermanos Eduardo y Ricardo.

“Ahora es aún más personal, porque veo todos los días la razón por la cual estoy haciendo todo lo que estoy haciendo. El no dar esta lucha desde donde la estamos dando y como la estamos dando es fallarle a nuestra hija y el país que queremos que ella pueda vivir”, expresó.

El café ya se había enfriado en el pupitre donde Natal recordó los pasos que lo moldearon desde su infancia. Del colegio donde pasó 13 años, ese día saldría para una reunión con comerciantes, en los últimos días de campaña antes del 3 de noviembre.