Banca

Vivimos una deshonrosa realidad económica que contrasta diametralmente con la norma que presenta nuestra constitución para con la relación de lo gubernativo y lo económico. Seleccionando frases en el Preámbulo y Carta de Derechos se establece de manera diáfana lo siguiente: “Promover el bienestar general reconociendo que el poder político emana del pueblo y se ejercerá de acuerdo con su voluntad siendo el pueblo la fuente del poder público reconociendo que el orden político está subordinado a los derechos del hombre en su devoción por la vida esforzada, laboriosa y pacífica”.

Promover el bienestar general… ¿Cuál es el origen del calamitoso disloque entre la dirección constitucional y el desastre socioeconómico ante nosotros? Sencillo: al gobierno y los partidos políticos no aceptan que su poder proviene del pueblo y que deben ejercer responsabilidades no para fines partidistas si no para promover el bienestar general de los puertorriqueños.

La desarticulación de la administración pública en Puerto Rico germina cuando los partidos políticos eluden sus responsabilidades, abandonando preceptos constitucionales. Convirtieron el tema del estatus en su razón de ser; en su norte; en su negocio y principal motivación. En ese momento los criterios de nuestra constitución fueron relegados en favor de objetivos proselitistas. Nos convirtieron en un ente social sometido. Ancorado en desembolsos federales para el funcionamiento del andamiaje gubernamental y gastos de salud, vivienda y alimentación de la ciudadanía.

Esas prácticas nos llevaron a un atolladero económico hace décadas del cual no salimos. Resultados: cinco monopolios de servicio público y dos bancos de gobierno desplomados, una deuda impagable, un gobierno en quiebra, alejamiento permanente de los mercados de capital, desacoplamiento de las agencias gubernamentales, abuso de los fondos de retiro de exempleados de gobierno, cientos de miles de ciudadanos en condición indigente, pérdidas billonarias por la caída en el precio de bonos, notas del gobierno y valoración de bienes raíces, imposición de una Junta de Supervisión Fiscal y crecimiento negativo de la actividad económica.

Así las cosas, al parecer los gobiernos ni sus partidos consideran indigna y ofensiva nuestra tragedia socioeconómica la cual empeora con el pasar del tiempo. Solo piensan en sus intereses y son incapaces de facultar desarrollo y crecimiento económico. ‘Hacen que hacen y continúan sin hacer’ mientras la economía vagabundea tras perder capacidad productiva, en gran parte, por la inhabilidad de liderato y visión político.

Los partidos continuarán en sus alucinaciones y, como máximo logro, se mantendrán esperanzados a que más fondos federales den respiro a nuestra actividad económica. Con estos dineros los partidos políticos continuarán con su ‘hacer que hacen sin hacer’ satisfechos con lo que consideran su barril de tocino federal para continuar su indisciplinada conducta.

Establezcamos ideales nobles y grandes metas. No nos mantengamos en la política chiquita y mezquina. Repensemos nuestra economía y nuestro futuro. Para salir de nuestro atolladero económico y su resultante calamidad tenemos que reflexionar sobre nuestro propósito, visión, misión y valores. Los tuvimos claros y lo político los adulteró. Tenemos que repensarnos y reestructurarnos. ¡El tiempo apremia… se nos está haciendo tarde!