La Fortaleza

Foto de La Fortaleza. >Archivo/EL VOCERO

Una semana después de las elecciones de 2020, Puerto Rico comienza una nueva década con un nuevo gobernador del territorio y un nuevo presidente del país cuya respuesta a nuevos retos definirá si esta nueva década será la Década de Cambio y Reconstrucción o si será más de lo mismo.

Dependiendo de los resultados de la elección de un senador federal del estado de Georgia y una elección especial para elegir al otro senador de ese estado que llenará una vacante por el término restante de ese escaño, se definirá si los demócratas tendrán la mayoría necesaria para aprobar legislación para expandir de 100 a 104 los escaños totales del Senado mediante la admisión de Washington, DC, y de Puerto Rico, que acaba mayoritariamente de pedir la Estadidad.

Si Georgia elige dos senadores demócratas y se logra admitir a Puerto Rico como estado, los billones de dólares netos que recibiremos y la eliminación de la Junta Fiscal con mayoría hostil trumpista definirán la década que está próxima a comenzar como nuestra Década de Cambio y Reconstrucción. Si los demócratas no logran su objetivo de admitir a Puerto Rico, las acciones ejecutivas y congresionales que logre el presidente Biden determinarán si se logra provocar esa singular década o si seguimos con más de lo mismo.

A nivel local, el diálogo y búsqueda de consenso serán la orden del día. Nuestro gobernador electo Pedro Pierluisi está particularmente capacitado para guiarse por esa filosofía. Sin embargo, entre las complicaciones que enfrentará será cómo componer su gabinete. Dado que ningún partido aparenta tener mayoría absoluta en el Senado, toda confirmación requerirá un acuerdo bipartita o multipartidista.

En algunos casos, como la Secretaría de Estado, la búsqueda de consenso debe incluir el ‘timing’ de la confirmación dual —dual porque al ser el vicegobernador, requiere confirmación en ambos cuerpos— ya que debe establecerse la línea sucesoral permanente a la mayor brevedad. Así se hizo para mi confirmación, en que fui confirmado por ambos cuerpos en el cuarto día de la sesión ordinaria y apenas en el segundo día en que Senado y Cámara estuvieron reunidos. Sin embargo, la confirmación de mi sucesor, el doctor David Bernier, tardó varias semanas, lo cual no es recomendable.

Cuando fui confirmado, tuve el honor de recibir un voto unánime en el Senado. Aunque fui confirmado por una “súper mayoría” en la Cámara, recibí tres votos en contra debido a mi respuesta a una pregunta sobre mi postura en torno al estatus político en mi vista conjunta de confirmación. La reacción de un líder del PPD a esos votos fue que si yo hubiese evaluado a los nominados cuando presidí el Senado en el cuatrienio anterior a base de posturas de estatus, el gobernador Acevedo Vilá nunca hubiese tenido un gabinete confirmado. Por tanto, el diálogo del gobernador electo con líderes legislativos debe incluir la definición de parámetros claros que sean honrados al momento de confirmar a los nominados.

El proceso legislativo, tenga o no un partido la mayoría absoluta en ambos cuerpos, está fundamentado en un solo concepto: la palabra. El valor de la palabra es fundamental para llegar a acuerdos dentro del caucus al cual pertenecen los legisladores, pero es aún más fundamental para que funcionen los acuerdos entre las diversas delegaciones que componen un cuerpo, al igual que entre la rama legislativa y la rama ejecutiva. Recuerdo una ocasión en que como portavoz de la mayoría en su primer término como senador, José Luis Dalmau había llegado a un acuerdo con las minorías para establecer reglas especiales para distribuir el tiempo en un debate. Varios de sus correligionarios querían evitar un debate a toda costa y se molestaron con su acuerdo. Él virtualmente puso en riesgo su posición de liderato para que se respetara el valor de la palabra que había empeñado. Ese ejemplo debe discutirse cuando se establezca la tradicional “escuelita” legislativa para beneficio de los nuevos legisladores del PNP, PPD, MVC y PD; no incluyo al PIP porque su “nueva” senadora puede dar clases sobre la materia.

Finalmente, tanto el gobernador electo Pierluisi como la Asamblea Legislativa deben reevaluar cúales serán sus ‘rules of engagement’, o sea, las reglas que guíen su relación con la Junta de Supervisión Fiscal y la Junta debe hacer lo propio. A manera de ejemplo, la Junta acaba de rechazar un proyecto, originalmente promovido por ellos, para financiar becas en la UPR. El proyecto original proponía una asignación solo hasta 2025, y la Asamblea Legislativa sabiamente propuso asignaciones anuales indefinidas, porque la necesidad de becas es eterna. Propuso, además, acumular ahorros para crear un fondo patrimonial eterno para becas como existe en todas las universidades estatales del País. La Junta objetó ambas enmiendas porque solo buscan una solución presentista en vez de emular permanentemente a las otras universidades estatales. 

Hace falta la ayuda de todos para dar comienzo a una Década de Cambio y Reconstrucción.