Donald Trump

El viernes pasado sucedió lo anticipado: el presidente Donald Trump fue diagnosticado con Covid-19, dejando al descubierto varias realidades.

En primer lugar, que nadie está por encima de los designios de la naturaleza, aunque sea presidente de Estados Unidos, y que actuar irresponsablemente, al margen de las recomendaciones formales de los organismos entendidos en el manejo de esta pandemia, acarrea consecuencias.

Antes de conocerse la noticia, como es uso y costumbre del presidente y su equipo más cercano, estos llevaron a cabo varios eventos multitudinarios promovidos por el mismo Trump en los que no se respetó una sola de las directrices para evitar el contagio con este virus. Nadie, o casi nadie, usaba mascarillas, y no se guardó el distanciamiento físico mínimo dispuesto. Tanto él como una decena de sus ayudantes contrajeron el Covid-19.

Como personas empáticas, nos alegramos que el presidente pudiera recuperarse de la afección. Sin embargo, no deja de preocupar el mensaje que él mismo continúa enviando a los estadounidenses subestimando este virus.

Es importante destacar que la recuperación acelerada del presidente no responde a su estado de salud física o que el Covid-19 sea poca cosa. La realidad es que el presidente tuvo acceso al mejor cuidado de salud que solo gozan muy pocas personas. En efecto, solo él puede contar con todo un equipo de médicos especializados administrándole tratamientos de primera línea y experimentales, sumado al cuidado personalizado que le garantiza su cargo.

Lo anterior es irónico, pues de los principales países desarrollados del mundo, Estados Unidos es el único que no cuenta con servicio de salud universal. Esto significa que en la llamada nación más poderosa del planeta, cientos de miles de personas no tienen plan médico y solo pueden acceder a servicios y tratamientos si los pagan de su bolsillo o a través de una limitada disponibilidad de clínicas de salud social provistas por iglesias y organizaciones sin fines de lucro. En estos últimos escenarios, una persona mayor de 70 años, con obesidad mórbida, problemas cardíacos y otras condiciones difícilmente se hubiera recuperado tan rápida y exitosamente. Veamos.

El panorama es preocupante para Estados Unidos -donde residen más puertorriqueños que en la Isla- pues ha acumulado más de una quinta parte de todas las muertes del mundo por Covid-19, aunque ocupa solo el cinco por ciento de toda la población mundial. De acuerdo con expertos, para el 1 de enero de 2021 podría sobrepasar las 400,000 muertes. Una lástima que la mayoría de estas se pudo evitar de haberse establecido como política pública nacional el uso obligatorio de mascarillas, distanciamiento físico y cuidadosa higiene de manos, medidas que implantaron muchos otros países que ya regresaron a la normalidad.

En lo que respecta a Puerto Rico, en solo seis meses la Isla ha sobrepasado las setecientas muertes por Covid-19, un número preocupante cuando lo comparamos con las 1,136 muertes violentas en todo 2011, cuando estadísticamente se rompió el récord de asesinatos en el País. De continuar con esta tendencia, en solo nueve meses, antes del 31 de diciembre las muertes por Covid-19 podrían sobrepasar el millar.

A escasas cuatro semanas de las elecciones generales, es preocupante que sigamos a ciegas en torno a esta crisis y, peor, copiando los malos ejemplos del norte. Este gobierno ha fracasado de forma casi criminal, desde la gobernadora, que ha optado por irse de paseo en un viaje sin propósito práctico para nuestra gente, mientras la mayoría legislativa continúa con su agenda política como prioridad y la comisionada residente ocupa las primeras posiciones en ausentismo en el Congreso, pero pudo gastar tiempo y recursos públicos en viajes a países cuya finalidad es altamente cuestionable.

Entre los decesos de María, las pérdidas por los terremotos y las muertes por Covid-19, este gobierno nos habrá dejado más de cinco mil almas perdidas para siempre, y en medio de tanta privación prefirieron echar por el sifón miles de millones en fondos para vivienda y salud, mientras despilfarraron los pocos recursos que teníamos. La única opción es derrotarlos en noviembre.