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Sede del Partido Popular Democrático (PPD). >Archivo/EL VOCERO

Muchos me han preguntado por qué no había escrito mi análisis sobre el resultado de las elecciones del pasado martes, 3 de noviembre. Aclaro que había en mi conciencia tres razones para esa espera.

La primera de ellas, responde al hecho de que - a mi juicio - lo más responsable era esperar a que se emitieran los resultados finales (o al menos las certificaciones preliminares) de manera que no cometiera la injusticia de juzgar resultados de forma prematura, interpretando números confusos que, con el pasar de los días, pudieran ser distintos al análisis expresado.

En segundo lugar, antes de escribir esta narrativa, quise comparar estos resultados con las columnas de análisis que estuve escribiendo - en este espacio y por varios meses - de forma que pudiera observar cuán certero o no fueron mis planteamientos. Hoy puedo decir, sin lugar a dudas, que la inmensa mayoría de los escenarios que había anticipado, ocurrieron al pie de la letra.

Unos días antes de las elecciones, advertía en mi columna de El Vocero que si los cuatro partidos minoritarios - en conjunto - obtenían el 21% o más de los votos para la gobernación, el candidato del PPD perdería frente a Pedro Pierluisi por 1%.

En efecto, perdió por 1.3%

Dije, además, que contrario a lo que se había establecido, el voto íntegro del PPD en la papeleta estatal se mantendría en un 98% como en efecto ocurrió y que la ventaja de Jenniffer González sobre Aníbal Acevedo Vila no era de 30 puntos, sino de menos de 10 puntos. Ganó por 8%

A lo largo del proceso sostuve, igualmente, que la pobre y desorganizada campaña del NO provocaría su derrota. Precisamente, ese fue el desenlace por 4%.

Señalaba en las columnas una y otra vez, que la ausencia de una fiscalización organizada y efectiva del PPD, sumada a la negativa institucional de no querer contestar el ataque trillado - de que los rojos y los azules son la misma cosa - a quien único perjudicaba era al PPD. Todos ya sabemos a quién afectó.

Entonces, durante la última semana de campaña, mientras participaba en los programas de WIPR, Mega TV, Jugando Pelota Dura y en el último programa por la plataforma de El Vocero, expresé que nos dirigíamos a una elección cerrada con recuento en varios puestos y que existía una alta posibilidad de que tuviéramos un gobierno compartido entre La Fortaleza y la Asamblea Legislativa. El resto es historia.

Pero independientemente de los resultados y sus posibles causas, no es momento de pasar juicio ahora sobre las decisiones acertadas o erradas de la campaña del PPD. Para eso ya habrá tiempo suficiente y múltiples columnas por escribir.

Además, hace muchos años aprendí que, en momentos como este, no se hace leña del árbol caído. En este momento, hay cosas más importantes que repartir culpas.

Ahora bien, la tercera razón para esperar por esta columna, era que tenía el interés de poder observar y escuchar con detenimiento, la forma en que el liderato del PPD habría de reaccionar al resultado de las elecciones. Quería ver de primera mano, cuán solidario, certero y aleccionador había sido esta experiencia para el colectivo institucional.

Tengo que decir que, hasta el presente, el liderato del PPD ha respondido de forma silente y con prudencia. Charlie Delgado concedió correctamente al concluir el conteo y destaco la forma seria y de altura con que la delegación del Senado, bajo el liderato de José Luis Dalmau, actúo el pasado viernes al posponer la votación de su caucus.

Eso contrasta con la forma inmadura y precipitada con que varios legisladores de la delegación de la Cámara de Representantes actuaron, pretendiendo repartirse lo que no tenían. Esperamos que hayan aprendido de su error y rectifiquen su conducta.

Por otro lado, esta tarde, el Partido Popular Democrático celebrará su primera reunión de la Junta de Gobierno, después de las elecciones. Los miembros de esa Junta deben tener claro que el país estará muy atento al resultado de este cónclave.

Las decisiones que allí se tomen y se comuniquen, dejarán saber si el PPD está hábil de aprender de este proceso, si tiene el oído en tierra y si están dispuestos a modificar y asumir su responsabilidad ante la historia.

La otra opción, sería dejar que las emociones nublen el entendimiento.

En esa Junta de Gobierno, es momento de respeto institucional, de hablar menos y escuchar más. Sobre todo, cuando en ese organismo rector, hay importantes líderes cuyas voces cargan vivencias inigualables y tienen la estatura moral de señalar el camino del renacer, porque llevan sobre sus hombros el legado de extraordinarias victorias y su capacidad de ofrecer sabios consejos. Escúchenlos.

Hoy el PPD está a prueba y deberá salir unido si quiere ser alternativa de futuro. Tienen que establecer un orden de prioridades. Comenzando por planificar la selección del liderato legislativo en las próximas horas y enfocar el equipo electoral en la culminación del escrutinio que conlleva la defensa inequívoca de los votos emitidos.

Posteriormente y en el momento oportuno, vendrá el proceso natural e inevitable de la transición del liderato máximo del partido; y, con ello, el inicio de un proceso largo pero edificante de auscultar en la base política su sentir sobre el desempeño colectivo.

En enero, al constituirse los cuerpos legislativos, el PPD debe crecerse correspondiendo al mandato del pueblo y otorgando representación adecuada y justa participación a todos los partidos inscritos que ostentan escaños legislativos. Esto deberá ponderar la asignación de presidencias de comisiones e identificar áreas comunes en los diferentes programas de gobierno.

En torno a la gestión del gobernador Pedro Pierluisi, el PPD deberá actuar con un alto sentido de responsabilidad, extendiendo la mano de colaboración genuina, sin renunciar a sus facultades inherentes de fiscalización de forma constructiva, no destructiva.

Finalmente, el PPD necesita depurarse, botar el golpe y comenzar a trabajar sin descanso camino al 2024. Después de todo, el Partido Popular ganó 40 municipios, la mayoría de las legislaturas municipales, la Cámara de Representantes y obtuvo el mayor número de asientos en el Senado.

Esa realidad - que muchos no reconocen - constituye un punto de partida extraordinario para iniciar la reconstrucción institucional. Lo que se necesita ahora es dirección sabia, serena y firme. Después de todo, los resultados adversos tienen algo positivo en su haber; nos sirven de guía para no volver a repetir los errores.

Eso se logra, por supuesto, si se tiene claro que la peor derrota, es la que no se usa para aprender, para luego, tener el derecho a ganar.

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