Elecciones

Las elecciones generales son el 3 de noviembre. >Josian E. Bruno Gómez/EL VOCERO

Llegamos finalmente a la recta final. La etapa crucial de la campaña, que se concentra en las últimas cuatro semanas y en donde cada expresión, cada anuncio, cada entrevista, foro o evento puede fortalecer o descarrilar una candidatura.

Si examinamos las encuestas y los resultados electorales de las últimas tres décadas, nos damos cuenta de que el 90% de los resultados electorales se definen en este periodo. En palabras sencillas, los partidos mayoritarios que se han alternado el poder —el PNP y el PPD— han asegurado o botado sus triunfos en este mes.

Teniendo clara la premisa, es pertinente que hagamos un análisis ponderado de dónde se encuentran y qué se proyecta —estratégicamente hablando— en cada una de las campañas a la gobernación, al iniciarse este complicado periodo. Vayamos uno a uno.

Eliezer Molina pasará a ser una figura que habrá ganado mucho en el proceso porque ha sido una voz y un ejemplo de cómo —bajo nuestro sistema electoral— un ciudadano sin una estructura política formal, puede aspirar a la gobernación y dejarnos saber sus reclamos. Nadie le puede quitar ese mérito a Eliezer.

En cuanto al doctor César Vázquez y el Proyecto Dignidad, tengo que reconocer que, si bien uno puede tener marcadas diferencias con algunas de sus posturas, el esfuerzo realizado de reclutar gente comprometida, redactar un extenso programa de gobierno y el haber logrado abrir un espacio dentro del espectro político para un sector importante de nuestra sociedad, merece un reconocimiento. Habrá que ver sus posibilidades de quedar inscrito.

El Movimiento Victoria Ciudadana no hay duda que ha sido la atracción de esta campaña. Ahora bien, con el pasar del tiempo, este partido cayó víctima de su propia trampa. Su discurso de vitrina moral se hizo sal y agua tan pronto el Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores (SPT) se convirtió en el brazo político y financiero del MVC.

El primer error en este junte fue exigir transparencia a los demás partidos, mientras ellos se hacían los desentendidos del evidente vínculo económico entre el MVC y el SPT, tratando, infructuosamente, de tomarle el pelo al País. Desde ese momento, perdieron toda su credibilidad.

Pero la entrada del SPT al mundo de la política, es mucho más complicada de lo que parece a simple vista. Más allá de las posibles violaciones al código electoral por un financiamiento coordinado, la realidad es que con la decisión de asumir toda la responsabilidad financiera del Movimiento Victoria Ciudadana, convirtieron implícitamente al MVC en una mera fachada de un plan más abarcador.

La SPT es una unión local que está adscrita y es subsidiaria de una unión norteamericana de nombre Service Employees International Union (SEIU). Estas uniones —al decidir que habrían de financiar toda la operación publicitaria de un partido político y viabilizar sus candidatos— se convirtieron en la práctica, en el propio partido; dejando entrever que ya no solo quieren ser los representantes de los trabajadores, sino también su propio patrono.

La torpe movida del SPT y la SEIU de crear un partido político artificialmente, va a tener serias consecuencias en múltiples frentes. Primero, a partir del 2 de enero de 2021, la SPT-SEIU no tendrán el respeto ni la credibilidad de reclamar acciones a cualquier gobierno del PPD o el PNP, porque el gobierno que entre en enero, ya no los verá como una unión representativa de los trabajadores, sino como un partido político más, disfrazado de sindicato.

Además, en San Juan la salida es inminente. Ya no importa si gana Miguel Romero o Rossana López, porque lo cierto es que tan pronto se venza el convenio del Municipio de San Juan, ese junte volará en cantos. Eso es anticipable porque ningún alcalde con dos dedos de frente, va a querer negociar convenios con un partido político camuflajeado. Hay que recordar que no existe una ley que reconozca el derecho a la sindicación de los empleados municipales, por eso, como decimos en Río Piedras, no los salva ni el médico chino.

Vayamos a Juan Dalmau del PIP, quien ha tornado su campaña en un ejercicio de relaciones públicas en donde todo gira sobre su figura y no sobre su ideal. La lucha por la independencia ha quedado en un segundo plano y es más que evidente que la candidatura de Dalmau, le brindará más fama que votos.

En cuanto a Pedro Pierluisi y Charlie Delgado, esta contienda particular merece una columna separada en los próximos días. Por ahora, lo que podemos ir adelantando, es que no hay forma de proyectar responsablemente un panorama certero.

La decisión de quién ganará recaerá —a mi juicio— en las decisiones que tomen cada uno de ellos en estas cuatro semanas. Hasta ahora, parece que uno hace todo lo posible para perder y el otro no quiere ganar. La semana que viene les cuento.