Carlos Charlie Delgado

El Partido Popular perdió las elecciones. Su candidato a la gobernación se quedó a unos 17,000 votos de la puerta del triunfo. Sin embargo, el candidato a comisionado residente —quien era una carga tóxica y demasiado pesada— perdió por más de 105 mil votos. Sus alcaldes no lograron retener las cuarenta y cinco alcaldías y la mayoría legislativa se lesionó, particularmente en las candidaturas por acumulación donde solo pudo colocar a dos legisladores en cada cuerpo lo que debilita su liderato. El pueblo no le quiso dar otra oportunidad al PPD y prefirió al PNP con todos sus extraordinarios desaciertos.

En una elección corta y conflictiva, los partidos emergentes y el PIP, sin enfrentar una contienda primarista, canalizaron efectivamente la insatisfacción de los electores y lograron minar los votos populares. El PPD no pudo convencer a los electores de que era la mejor opción ni pudo detener la sangría de votos a otros partidos. En esta ocasión el PPD no logró votos prestados de otros sectores, por el contrario, fueron los populares los que se mudaron a otras fuerzas políticas y no sabemos si regresarán. ¿Qué los movió a transitar a otros partidos? , es algo que el PPD debe analizar.

La verdad es que Charlie Delgado fue a la batalla con una mano amarrada. Desde el principio fue subestimado por ser el alcalde de un municipio no metropolitano. No era un egresado de universidades norteamericanas de alto prestigio. No pertenecía al poder económico. No era conocido en los círculos de Washington. Se cuestionó su dominio del idioma inglés. Su compañero de papeleta no fue seleccionado por él y no pudo desligarse de su ropaje de corrupción. Aunque ganó la primaria contundentemente, no logró los endosos unitarios de los candidatos derrotados. Bhatia guardó silencio. Carmen Yulín le hizo daño tanto en la primaria como en la elección. Su posición ideológica y su propuesta de relaciones con Estados Unidos no fue bien explicada. Igualmente fue confusa su posición sobre temas controversiales que enfrentan a sectores liberales y conservadores. A ello hay que sumarle que hubo una deficiencia electoral en la búsqueda del voto adelantado y el voto ausente. Tampoco hubo estrategias definidas para capturar el voto joven.

Aceptada la realidad estamos al comienzo de un cuatrienio complicado. Se vislumbra un ejecutivo novoprogresista y demócrata con el mandato de aprobar su programa de gobierno y coordinar directamente con la administración del presidente Joe Biden. Una comisionada residente republicana e interlocutora con el Senado federal, como gestora de la estadidad en virtud del resultado del plebiscito. Una legislatura inestable con un liderato popular producto de la coalición con otros partidos, pero con una exigua mayoría con fisuras. Con el agravante de dos nuevos partidos con necesidad de probarse y lograr que se considere su legislación; pero no se equivoquen, eso no significa que tendrán el control de la legislatura, y si tienen duda pregúntenle al PIP.

La teoría de que desapareció o desaparecerá el bipartidismo no me parece correcta. Los partidos principales continúan siéndolo. Distinto a lo que se proclama de que serán años donde prevalecerá el consenso considero que prevalecerá la diferencia de visiones sobre los asuntos importantes para Puerto Rico y seguirán imponiéndose las mayorías. Muchos de los futuros acuerdos serán entre el PPD y el PNP quedando al margen los partidos emergentes. Ya tendremos ocasión de escuchar sobre la frustración de los nuevos legisladores del Movimiento Victoria Ciudadana y de Proyecto Dignidad. Una cosa es la teoría y otra la realidad.

El resultado de esta elección es extraño. El PNP con todos sus problemas, que fueron muchos —el chat de telegram, la renuncia de Ricardo Rosselló, los contratos cuestionados, las imputaciones de corrupción, sus legisladores acusados, el manejo del Covid, los vaivenes de la gobernadora y las discordias internas— prevaleció. A la mayoría del electorado no le importó nada de eso ni se indignó.

Ahora bien, necesitamos saber: ¿Qué hizo el PPD para recibir ese impactante castigo? ¿Qué va a hacer el PPD para convertirse en un partido relevante? ¿Quién va a ser su líder? ¿Cómo va a lograr ser un partido de oposición y fiscalización efectivo? ¿Cuál va a ser la propuesta de gobernanza y futuro que va a presentar? ¿Qué tipo de liderato va a reclutar y le va a presentar al País? ¿Qué posición ideológica y que tipo de relación con Estados Unidos va a defender? ¿Cómo va a identificar y definir sus contrastes con las otras fuerzas políticas? ¿Cómo va a llenar el vacío que tiene ante el rechazo de las nuevas generaciones? ¿Cómo va a lidiar con el nuevo escenario electoral? ¿Cómo va a lograr convencer y enamorar nuevamente a su electorado de cara al futuro?

Se impone la reflexión y el análisis interno, pero no para barrerlo debajo de la alfombra, sino para corregir errores.