Trump

El presidente estadounidense Donald Trump. >Carolyn Kaster/AP

Sobre el tapete está que los EE.UU. podría quedarse sin la cúpula de su gobierno para ejercer sus funciones. Lo inevitable ocurrió. Por más que Donald Trump de forma perversa intentó invisibilizar la letalidad del Covid-19 para no afectar su posible reelección, la realidad le abofetea. Irónicamente, sin conocer su expediente médico de condiciones preexistentes, el pueblo de EE.UU. le pagará a Trump el acceso al mejor cuidado disponible, contrario a su interés en cortarle dichos beneficios médicos a la población de escasos recursos bajo el “Obamacare”.

Con más de 209,000 muertes por el Covid-19 en la nación que Trump prometió brillaría por su “grandeza otra vez”, Trump “muerde su propia bala” por su soberbia. Su rechazo a la ciencia para obrar a favor de la ciudadanía evitando la propagación del Covid-19, le retorna como un bumerán. Lejos de tornar a EE.UU. en la envidia mundial, le convirtió en una desgracia para la humanidad. El tercero con mayor población de 235 países, EE.UU. con cerca de 331 millones habitantes tiene el 21% de las más de 1,039,135 muertes registradas por Covid-19 a nivel global (Worldometer, 4/octubre/2020). 

En EE.UU. reina la incertidumbre a ley de 28 días del cierre electoral el 3 de noviembre. Aunque Trump evitó la discusión del Covid-19 como tema de campaña para enfocar en sus supuestos adelantos económicos, acabó magnificándole. Si la información sobre su contagio fuese cierta, se desata una cadena de dominó en cuanto al peligro que Trump expuso a la seguridad nacional. Si el acuñado “virus chino” fue “fabricado” como un arma biológica de destrucción masiva, en cuestión de meses logró penetrar la Casa Blanca. El evento celebrado allí para designar a la jueza Amy Coney Barrett al Tribunal Supremo de EE.UU. (TSEU), retrata el menosprecio a tácticas epidemiológicas preventivas. El presidente Trump, su esposa Melania Knauss, la jueza Coney Barrett, el vicepresidente Mike Pence, el juez presidente del TSEU, John Roberts, el procurador general William Barr, su asesora Kellyann Conway, entre integrantes de las altas esferas gubernamentales, andaban desenmascarados(as) y sin respetar el distanciamiento físico. De estos, ya un nutrido grupo se contagió con el Covid-19.

Debilitado EE.UU. ante sus enemigos a nivel mundial, está en entredicho cuándo y a quién se pasará la batuta del poder político. El pueblo tiene derecho a conocer el expediente médico del presidente Trump para exigir la transferencia de poderes de ser necesario. Ya se conoce de su incapacidad administrativa para tomar las decisiones correctas a partir de información científica para evitar el genocidio registrado en EE.UU. por el Covid-19. Si en la línea sucesoria todos(as) se enferman con Covid-19, ¿quién asumirá la autoridad legal para velar por la seguridad nacional? Aun cuando el presidente notifique estar hábil para continuar sus funciones, a ley de 4 días el vicepresidente y la mayoría de sus jefes de gabinete pueden transmitirle lo contrario al Congreso. De no estar en sesión, la Rama Legislativa tiene 48 horas para convocarse y hasta 21 días para decidir con votación de 2/3 partes retirarle el poder ejecutivo (Enmienda XXV, 1967; Constitución de EE.UU). Los escenarios se complican si el presidente y vicepresidente elegidos mueren entre el cierre electoral del 3 de noviembre y su juramentación el 20 de enero. Si el vicepresidente tampoco puede asumir la presidencia, el Congreso determinará quién habrá de ocupar la silla del primer ejecutivo o la manera a ser ocupada (Enmienda XX, 1933). Estará sujeto a la interpretación judicial la constitucionalidad de la disposición legal de 1947 (3 USC Sec. 19) que ordena que la tercera persona en sucesión será el líder de la Cámara de Representantes previo al líder de la mayoría del Senado, y si ello violenta, la separación de poderes de la línea de sucesión dentro de la Rama Ejecutiva. 

En manos del electorado con su voto informado sobre el alcance médico de la enfermedad que pueda desplegar Trump, está enderezar el curso del barco que se hunde. ¿Está o no habilitado Trump para su posible reelección? ¿Están realmente votando a favor de Mike Pence como presidente o la presidencia de la Cámara de Representantes que podría ocupar el cargo del o la primer(a) ejecutivo(a)? En fin, ¡el tiro le salió por la culata a Trump!