La Fortaleza

Foto de La Fortaleza. >Archivo/EL VOCERO

A casi una semana del proceso electoral 2020, es indispensable reflexionar sobre las acciones estratégicas que debemos emprender para lograr cerrar la brecha entre las tres instancias del proceso de gobernar: el político-electoral, el de constituir gobierno y el de gobernar propiamente. Esta confusión tiene que ser entendida y atendida como continuidades que se retroalimentan. Ninguna de ellas puede, de manera aislada, asegurar la concreción plena de la búsqueda de la prosperidad y el bien común de la sociedad.

Por ello, en esta ocasión no podemos permitir que esa primera instancia, la electoral, se quede sólo en las promesas de los candidatos, la demagogia política y la propaganda mediática. Las circunstancias atípicas de este proceso electoral obligan a los ciudadanos a exigir información completa sobre el plan de acción concreto que se propone implantar cada candidato de ser elegido en 2020. Es a través de la transparencia de la información que podemos ampliar las posibilidades de hacer un mejor escrutinio de los candidatos para maximizar la diversidad y la riqueza de los saberes y los talentos de la sociedad y de sus contextos para encauzar los cambios que el momento histórico que vivimos exige.

En estos tiempos turbulentos la sociedad necesita una visión y formas nuevas de hacer gobierno, política y economía. Si seguimos aplicando la receta actual nos seguirán arropando la desigualdad, la pobreza y la violencia. Necesitamos un cambio profundo y radical, de lo contrario seguirá aumentando el desasosiego y generando más desigualdad y deshumanización de la sociedad. Urge una regeneración de raíz, un saneamiento profundo, una nueva gobernanza y una cosmovisión social renovada.

En su publicación Una nueva gobernanza para Puerto Rico, de 2013, el Centro de Gobernanza Pública y Corporativa plantea que la gobernanza, más allá de ser un proceso que implica múltiples interacciones para alcanzar objetivos preestablecidos, tiene un claro elemento estructural basado en las capacidades institucionales y el conocimiento de las reglas y normas aplicables. Por tanto, la gobernanza es un sistema de gobierno que requiere de un liderazgo competente y de interacciones diversas para acordar los objetivos, los recursos y las actividades a realizar para alcanzarlos y estructura porque no opera en un vacío, sino en el contexto de unas instituciones particulares y de un conocimiento específico de valores y principios democráticos y de un estado de derecho integrado y coherente. Asimismo, los estudios de investigación del Centro de Gobernanza puntualizan que para una buena gobernanza es necesario considerar la voluntad política y la capacidad de gestión para prever y responder con flexibilidad y agilidad estratégica a los retos que pueden surgir en el proceso de gobernar.

En este contexto, el proceso electoral nunca ha sido tan importante como ahora. Las elecciones de 2020 ofrecen de nuevo la oportunidad de cerrar la brecha entre elegir gobierno, el gobernar y el gestionar para construir un mejor país y renovar la esperanza de vivir una vida mejor. Para ello, se requiere que los ciudadanos atiendan el momento electoral de manera informada, racional y consciente de los deberes y de las responsabilidades que les corresponde en la democracia. El voto es el instrumento más poderoso que tiene la ciudadanía en sus manos para contribuir a la construcción de buen gobierno y contribuir a atajar la corrupción. El no ejercer el derecho al voto o ejercerlo de manera irresponsable tiene consecuencias irreversibles para el bien común de la sociedad.

Para construir la sociedad próspera, pluralista y equitativa a la que aspiramos tenemos que configurar una voluntad capaz de llevar a cabo las transformaciones que exige el País para hacer frente a las realidades inaceptables que nos aquejan como la corrupción, el desgobierno, la pobreza y la desigualdad. Más aún, para conjugar el proyecto de país que exige la coyuntura actual tenemos que ser capaces de cerrar la brecha existente entre lo discursivo y lo práctico. No podemos continuar restándole atención a la importancia del proceso electoral y no podemos justificar e ignorar la relevancia de las capacidades de gobierno.

En este sentido, para hacer de este evento electoral un momento regenerador y fundacional de una nueva forma de gobernar es necesario elegir mejores gobiernos y combatir la corrupción. La propia doctrina de la iglesia plantea que los criterios de propósito social y de bien común deben regir el proceso de gobernar y las reformas de la economía mundial para propiciar una prosperidad compartida y resolver la desigualdad que amenaza el tejido social. Se trata entonces de ejercer el derecho al voto para conjugar buen gobierno de manera educada, informada y en beneficio de todos.

Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa