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La elección de la Comisaría Residente es una decisión tan impactante como las de la gobernación, al igual que sobre la Estadidad que haremos los electores el 3 de noviembre.

Todas las demás candidaturas envuelven la selección de un equipo. Cuando eliges a un gobernador o a un alcalde escoges a una persona que designará a decenas de jefes de agencia, municipales o estatales, que formarán un equipo colectivo. Cuando eliges a dos representantes a la Cámara (uno de distrito y uno por acumulación) o tres senadores (dos por distrito y uno por acumulación) estás ayudando a nutrir un cuerpo legislativo en que habrá una delegación de mayoría y una delegación de minoría quienes tomarán, separadamente o en consenso, decisiones colectivas.

Cuando eliges a alguien a la Comisaría Residente estás eligiendo a una sola persona, no a un equipo gubernamental, que estará tomando continuamente decisiones individuales. Esas decisiones frecuentes, todas difíciles, las tiene que tomar esa persona que representa a cuatro o cinco veces más personas que cualquier otro colega congresista.

Esa persona tiene que realizar el trabajo de los dos senadores y cuatro congresistas que elegirá Puerto Rico como Estado. Esa futura delegación estará asistida por un promedio de 176 empleados, en vez de los meros 19 empleados que se le asignan a un comisionado.

Nuestra comisionada incumbente, Jenniffer González Colón, aspira a la reelección después de acumular el récord más impresionante desde que Federico Degetau arribó a DC hace 120 años para representarnos ante el gobierno federal.

Más allá de su récord pasado y sus promesas para el futuro, la persona que escojamos para la Comisaría Residente será participante de lo que el licenciado Rafael Hernández Colón correctamente describía como “el regateo y negociación” entre el territorio y el Congreso que precede la admisión de un Estado, dada la intención de los demócratas de admitir el año que viene a Washington DC y a Puerto Rico, si así lo pedimos.

Si una robusta mayoría de los puertorriqueños, progresistas estadistas y populares muñocistas proamericanos, votamos el mes que viene “Sí” para acercarnos a los Estados Unidos, no será difícil escoger entre Jenniffer y el candidato soberanista del Partido Popular para determinar quién será la mejor persona para “regatear y negociar” los términos de la transición postadmisión como Estado en que ella cree y él no.

Después de todo, los $121 billones (incluyendo $12 billones para reconstruir la red eléctrica, y $10 billones para el Plan Vital) que ha logrado Jenniffer, más que ninguno de sus predecesores, el “air hub” boricua e incentivar manufactura china a Puerto Rico no llegaron sin un gran esfuerzo de “regateo y negociación”. El “networking” para conocer y ganarse a sus colegas en el Congreso, a veces aceptando invitaciones para acompañarlos en tediosos viajes a países tan conocidos como Djibouti, que no son exactamente los más excitantes imanes turísticos, rindió frutos al momento de reclutar apoyo para sus proyectos y pedidos de ayuda para Puerto Rico.

Toda su labor se ha dado dentro de un marco ético, sacrificado y productivo que siempre la ha definido como persona y como servidora. El Partido Popular, en cambio, postuló a una persona en el espectro ideológico “soberanista”. Ese candidato, en el pasado, se rodeó de un equipo político que sufrió el escarnio público de ser acusados de actos de corrupción política y, en 10 de 12 casos, recibir convicciones federales y sentencias de cárcel y multas por delitos federales. Por esas razones y más, su compañero de papeleta popular se pasa sacándole el cuerpo.

La decisión sobre la Comisaría Residente no solo es la más impactante sino quizás la más fácil de tomar en este ciclo electoral, dado el récord excepcional de Jenniffer González, que se refleja en su ventaja en todas las encuestas versus el récord decepcionante de su contrincante, administrando tanto el presupuesto público como sus fondos de campañas pasadas.